Sigue preguntándote qué quieres ser de mayor

«¿Qué quieres ser de mayor?» es una pregunta que perdimos en algún momento de la madurez. Te proponemos un ejercicio de encuentro con tu niño interior y con la esperanza.

Cuando eres un niño te preguntan constantemente «¿qué quieres de mayor?». Pero llega un momento en la vida adulta en que esta cuestión desaparece e, incluso, hacerla se considera como algo inmaduro. Sin embargo, existe una esencia en este interrogante que funciona como aliento de vida y que, aún de adultos, es necesario mantener.

En este artículo veremos las emociones que trascienden a esta pregunta, la necesidad de contacto con nuestro niño interior y cómo decidir sobre si es necesario dejarse llevar por los acontecimientos imprevistos de la vida o intentar controlar lo que está pasando. Antes de seguir leyendo responde mentalmente a la pregunta: «¿qué quieres ser de mayor?».

¿Qué quieres ser de mayor?

Normalmente, es una pregunta que alude al ámbito laboral y que exige respuestas para la elección de determinados estudios o alternativas. Según se avanza en las etapas vitales, esta cuestión que era el reflejo de la ilusión frente al futuro, puede volverse amarga y provocar sentimiento de encontrarse perdido. Parece que, al cumplir determinada edad, es obligatorio saber el rumbo a seguir y no está del todo bien visto cambiarlo.

Más allá del ámbito escolar y laboral, esta cuestión acerca de ser mayor abre interrogantes acerca del sentido de la vida y de cómo estás trabajando actualmente para dirigirte a donde deseas. También conecta profundamente con los deseos y aspiraciones y se opone a los pensamientos sobre la obligación y sobre querer satisfacer a los demás.

Pensar en qué queremos ser más adelante despierta emociones muy diversas: ilusión, vacío, esperanza, miedo… Experimentar una u otra depende del momento vital y la importancia que se le dé a intentar controlar la dirección de la vida y el futuro. Pero ¿qué es realmente lo mejor para nosotros? ¿Dejarnos llevar o decidir sobre nuestro futuro?

¿Me dejo llevar al futuro o intento decidir en él?

Las dos opciones pueden volverse indispensables en ciertos momentos de la vida. Tanto dejarse llevar como esforzarse para incidir en el futuro son dos acciones necesarias que permitirán adaptarse y evolucionar a lo largo de la existencia.

Se necesita dejarse llevar porque aparecerán cosas inesperadas en el camino que cambiarán inevitablemente el destino. Cosas imprevistas y dolorosas como, de repente, caer enfermo o perder a alguien. Pero también habrá elementos fortuitos como encontrarte con personas maravillosas o ver nuevas formas de ti que nunca habías imaginado.

¿Tendría sentido una vida sabiendo qué es exactamente lo que va a pasar a cada momento? La respuesta parece sencilla al considerar que muchas personas enferman emocionalmente cuando sienten que caen en esta monotonía. Aunque consiguieras controlar todo, puede que no fueras tan feliz como imaginas.

De la misma forma, es necesario sentir que escoges ciertos caminos y que esas decisiones afectan al resultado real. Sucederán cosas inesperadas, por supuesto, pero mientras tanto se curarán tus partes heridas y darás pasos para alcanzar tus propias ilusiones. Conseguirlas por el propio pie, cuando la parte impredecible lo permite, es una de las sensaciones más maravillosas del mundo.


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La conexión con nuestro niño interior

Seguir preguntándote «¿qué quieres ser de mayor?», conecta profundamente con el niño que llevas dentro. Conectar con él significa también hacerlo con emociones que, a veces, pueden quedar por el camino de la madurez, como la ilusión, el divertimento, la esperanza y la confianza en que todo irá bien.

Un niño al nacer es como una hoja en blanco llena de espontaneidad natural. Pasará tiempo hasta que entienda las normas sociales y empiece a moldear su conducta en base a lo que se espera de él, como que a veces hay que posponer el propio disfrute y enfrentarse a la frustración de que las cosas pueden no ser como queremos.

De hecho, los niños en los primeros años tienen una visión de la muerte en la que ésta solo se desencadena por los propios actos y voluntad. Años después se producirá una crisis al descubrir la falta de control que podemos tener sobre ella. Un duro golpe para la esperanza y la confianza infantil.

Aunque, estos pasos son de alguna forma el camino natural en el desarrollo, es importante que el contacto con ese niño interior, su esperanza y confianza en la vida siga vivo de alguna manera. Se trata de intentar mantener presente ese niño que confía en que las cosas saldrán bien. Aunque si salen mal, el adulto en que te convertiste las acepta, sin hacer una huida hacia adelante, conducta más propia de las etapas infantiles.

Pensar en qué ser de mayor: esperanza y confianza

Crecer, a veces, implica dejarnos de hacer preguntas importantes como «¿qué quieres ser de mayor?». Esta cuestión alude al futuro y la esperanza, con una mirada de ilusión propia de un niño. A veces, se puede madurar con tantas preocupaciones que hagan perder el contacto con los propios deseos e ilusiones vitales.

Muchos son con conflictos y problemas emocionales que giran alrededor de la idea de dejarse llevar por las circunstancias o mantener el control en todas ellas. Ambas provocan estancamiento y sufrimiento si no se flexibilizan a merced de circunstancias y eventos que van sucediendo.

Es necesario, a veces, descansar de querer controlar absolutamente todo porque no es posible y porque intentar hacerlo duele y agota. Aceptar las cosas que nos ofrece la vida y recuperar la confianza de que todo irá bien.

Pero también es importante conectar con esa parte infantil que llevas dentro y preguntarte con ilusión «¿qué quieres ser de mayor?». Tengas la edad que tengas, esa mirada de esperanza e ilusión del niño que alguna vez fuiste sigue en alguna parte de ti mismo.

Al principio de este artículo respondiste a la pregunta «¿qué quieres ser de mayor?», ahora puedes contestar de nuevo y ver si algo ha cambiado.

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Angela Carrascoso Tobias

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