Ocho formas de hacer fortuna de tus errores

El fracaso es una situación dinámica y cambiante. Cada persona es quien determina si lo que sigue después de un error o una equivocación es el abandono de un proyecto o si, por el contrario, lo que vendrá es una evaluación y un nuevo intento que tome en cuenta la experiencia aprendida.

Hay quien piensa que el fracaso tiene mucho que ver con el azar o la suerte. Como si cayera del cielo o fueran algunas fuerzas sobrenaturales las que permiten que alcances un logro o no lo hagas. Esto no es cierto. De hecho, hay estudios en los que se ha determinado cuáles son las principales razones para que se produzcan los fracasos. Tienen que ver con los factores que te enumeramos a continuación.

Actuar sin pensar

Un buen plan es un importante soporte para llegar a las metas que nos proponemos. Aunque rara vez estos proyectos se llevan a la práctica al pie de la letra, definitivamente contar con un mapa de ruta hace más fácil el camino. Decía Séneca que “A quien no sabe a qué puerto encaminarse, ningún viento le es propicio”.

Pensar sin actuar

Es el caso opuesto al anterior. Hay personas que pasan la vida planeando acciones, pero nunca dan el paso para convertirlas en realidad. Rumiar una y otra vez en el pensamiento sobre la mejor manera de hacer algo no es ser precavido: es estar aterrado. Tan inútil es actuar sin pensar, como pensar sin actuar.

Despreciar el proceso

El camino es tan importante como el punto de llegada o, si se quiere, más importante que este último. Proponerte un objetivo es también definir un método para conseguirlo. Si no ves claramente cuál es la estrategia para llegar a un punto determinado, lo más probable es que tu objetivo tenga mucho de irreal o desproporcionado.


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Ignorar el por qué

Si quieres alcanzar algo, debes saber por qué quieres hacerlo. No basta con que lo veas como una meta indefinidamente deseable. Si en verdad quieres conseguirlo, tu por qué debe ser muy claro y expreso. Ese por qué es tu gran fortaleza en el camino que vas a emprender.

No atender a los hechos

El empeño en lograr lo que deseas no debe cegarte. Es importante que mantengas una actitud serena e imparcial frente a lo que haces, la forma como lo haces y lo que quieres conseguir. Minimizar o maximizar tus errores o tus habilidades no te ayudará en nada. Al contrario: perder la objetividad te pone en una situación que hace más difícil llegar a donde quieres.

Tratar de hacer todo a la vez

Enfocarte en un solo propósito, en lugar de dispersar tus energías en muchos, es una garantía de éxito. Cuando quieres obtener mucho a la vez, lo más probable es que en algún punto dejes de hacer algo importante para alcanzar un objetivo, por hacer algo urgente que te demanda otro propósito.

No ser coherente

Lo que piensas, lo que dices y lo que haces debe estar en armonía. Si cada una de esas dimensiones va en una dirección diferente, lo más seguro es que el trayecto hacia tu objetivo se altere, o tú te extravíes. La coherencia te da concentración; la concentración te da enfoque; y el enfoque te da éxito.

El miedo a fracasar

El miedo es la fuerza más paralizante que pueda existir. Es tanto el temor al fracaso, que por eso muchas personas no intentan siquiera luchar por lo que sueñan. Ser valiente no es no sentir miedo, sino intentar seguir adelante, pese al temor. La mayoría de las veces se trata de miedos imaginarios, no de amenazas o peligros reales. Para quitarte el miedo de encima, nada mejor que aprender a entender el fracaso no como el final del camino, sino como un paso más en el proceso.

Las grandes obras del ser humano son una realidad gracias a obstinados que lo intentaron una y otra vez hasta que lo lograron. Estudia las biografías de los grandes seres humanos y podrás comprobarlo.

Edith Sánchez

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