Sé como Forrest Gump: ¡ve, corre por tus sueños!

Al verlo tan frágil, tan torpe, tan distraído, es imposible percibir tanta fortaleza, tanta habilidad, tanto enfoque. No podría decirte con exactitud cuántas veces he visto la película, porque perdí la cuenta. Lo que sí puedo asegurarte es que, cada vez que me siento frente a la pantalla y observo los 142 minutos de Forrest Gump, me estremezco.

Alguna vez, quizás, te conté que no soy muy aficionado a la televisión. Hoy, prefiero las series y las películas de Netflix, que puedo disfrutar en compañía de mis dos hijas. Pero, de cuando en cuando me siento a hacer zapping, a ver qué sorpresa me encuentro. Y la sorpresa es que cada vez que me encuentro Forrest Gump la vuelvo a ver.

Con la misma expectativa y la misma ansiedad de la primera vez. A pesar de que ya sé qué ocurre en cada escena. A pesar de que hay fragmentos que podría recitar de memoria. Lo que no he podido descubrir, te lo confieso, es por qué cada vez que veo esta película encuentro enseñanzas nuevas, lecciones enriquecedoras para mis negocios.

“¿Para tus negocios, Álvaro?”, te preguntarás. Sí, aunque se antoje raro. La historia está basada en una novela del mismo nombre, escrita por Winston Groom. La película fue dirigida por Robert Zemeckis y protagonizada por el gran Tom Hanks, junto con Robin Wright, Gary Sinise y Sally Field. Se estrenó el 6 de junio de 1994 y ganó 6 premios Óscar.

Forrest Gump era un tipo común y corriente nacido en Alabama con una severa discapacidad motriz que le obligaba a usar unas pesadas prótesis ortopédicas de metal. Por ese motivo, era centro de las burlas de sus vecinos y compañeros. Su vida transcurría entre esos episodios y algunos momentos alegres en los que mostraba su otro yo.


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Con una magia increíble, el guion nos pasea de la mano de Forrest Gump por algunos de los episodios que marcaron la historia de los Estados Unidos entre 1945 y 1982. No te los voy a relatar, porque no aún no viste la película te daño la experiencia y, si ya la viste, conoces de sobra los detalles. Sin embargo, sí te puedo hablar de marketing.

La vida de Forrest Gump, que en la cita nos la reflejan como una gran tragedia convertida en algo extraordinario, no es muy distinta de la tuya o de la mía. Con un leve retraso mental y una discapacidad motriz, el joven Forrest parecía condenado a una vida de frustraciones, dolor y discriminación. Él, sin embargo, se las arregló para cambiar eso.

Quizás tus dificultades, tus problemas o tus limitaciones sean distintas a las de Forrest, pero es seguro que las encontraste en tu camino. Todos encontramos obstáculos en el camino. Sin embargo, no todos tenemos la capacidad, la tenacidad, la mentalidad, la fuerza de voluntad y la decisión para emprender las acciones que nos permitan cambiar esa realidad.

Esa, sin duda, es la primera lección que podemos aprender de Forrest Gump. Tu origen no es un condicionante: más allá de las dificultades que debas sortear, podrás alcanzar el éxito y la felicidad si trabajas por ello. Nadie creía en Forrest, pero él con su tozudez y con su ingenuidad demostró que nada es imposible. No cuando se quiere salir adelante.

Una segunda lección que nos deja el bueno del Forrest es que la vida no es color de rosa. Hay altos y bajos, subidas y caídas, errores y aciertos, alegría y tristeza. Si lo que esperas es un tapete de pétalo de rosas, ¡ten cuidado con las espinas! En medio de la dificultad, Forrest fue feliz y encontró en su interior las herramientas para construir un mejor futuro.

Famosa es la frase “La vida es como una caja de chocolates: nunca sabes de qué sabor te va a tocar”, que repetía su madre. Y es cierto. Cada día es una oportunidad que nos da la vida y tenemos que aprovecharla con sus altas y sus bajas, a sabiendas de que siempre habrá días mejores y días peores. Ese es uno de los encantos de la vida: es impredecible.

Por otro lado, ¿te imaginas qué habría sido de la vida de Forrest si se hubiera quedado pensando en lo que otros decían de él? Su virtud fue huir de ese entorno tóxico y dar lo mejor de sí cada minuto para construir su destino. Nunca esgrimió una disculpa, nunca se escudó en sus males: todos los días dio lo mejor de sí para crear una vida satisfactoria.

Por supuesto, como mentor de emprendedores lo que más admiro de Forrest Gump es su capacidad para tomar acción. Contra la dureza con la que lo trató la vida, contra las burlas de sus semejantes, contra las limitaciones que le quiso imponer el destino, contra todo. Su resiliencia es ejemplar, lo mismo que su constancia, su perseverancia, su terquedad por sobresalir.

De lo anterior se desprende otra gran lección: ¡Jamás te rindas! ¿Cuántas veces cayó Forrest Gump? Una menos de las que se levantó. Siempre encontró las fuerzas, el motivo, la pasión y la decisión para seguir adelante. Nada ni nadie pudo detenerlo. ¿Te imaginas de lo que serías capaz si un día te levantas con la determinación de Forrest Gump?

El miedo nunca fue un obstáculo para Forrest Gump. ¿Sabes por qué? Porque sus sueños eran más grandes. Porque su deseo de superación era más grande. Porque su pasión era más grande. Lo que ocurre es que a veces nos enfocamos en lo negativo y despreciamos aquellos recursos y esas herramientas única e invaluables que nos regaló la vida.

¿Te das cuenta de cuánto podemos aprender de un personaje como Forrest Gump? Sin embargo, las tres más grandes lecciones las guardé para el final. Son las que más me gustan a mí, pero estoy seguro de que cada vez que veas la película tú encontrarás otras distintas. Son las que más me gustan porque son aquellas con las que más me identifico:

1) Nunca sabes de qué eres capaz hasta que lo intentas: date una oportunidad. Levántate hoy y di “¡Sí, puedo! ¡Sí, quiero!”. Y ve, corre y hazlo realidad. Será algo maravilloso.

2) Haz lo que amas, sin importar qué sea: nunca serás feliz o exitoso si no te dedicas a lo que en realidad te apasiona. Haz lo que te gusta y no trabajarás ni un solo día de tu vida.


Si lo que necesitas es un poco de inspiración para entrar en acción, esta película
es tu mejor opción, sin duda. La vida, quizás, no le dio mucho a Forrest Gump,
pero él se encargó de arrancarle a la vida lo que necesitaba para ser feliz. ¡Genial!


3) Sé agradecido y bríndales a otros lo que te hace grande: tu conocimiento, tus talentos y tu experiencia valen y sirven cuando los compartes. ¡No te niegues esa felicidad!

Te repito: no sé cuántas veces he visto Forrest Gump y tampoco sé cuántas más la veré. Sin embargo, de lo que sí estoy seguro es que procuraré seguir aprovechando en mi vida y en mis negocios aquello que este singular personaje me enseña. Tú eres más grande que mis miedos y las dificultades, así que, como Forrest Gump, ¡ve, corre por tus sueños!

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