Cuatro negocios centenarios cuentan las claves para sobrevivir a una crisis

No todos los negocios pueden presumir de llevar más de 100 años abiertos y haber superado varias crisis económicas. Sin embargo, unos pocos locales llamados «centenarios», que en algunos casos llevan en marcha más de 150 años, han sobrevivido a la pandemia de la Gripe Española de 1918, a la Guerra Civil de 1936-1939, a la caída de Lehman Brothers, la crisis de 2008 y ahora aplican sus claves para intentar sobrellevar la provocada por el covid-19.

Esta emergencia sanitaria era casi lo último que les faltaba por vivir a estos negocios, que están luchando para salir de ella gracias a la experiencia de decenios y el buen hacer que sólo se adquiere tras muchos años atendiendo tras el mostrador.

Al igual que cualquier otra actividad, los negocios centenarios han tenido que adaptarse a las restricciones impuestas por el Gobierno durante el Estado de Alarma. Es el caso de Angel Manuel García, presidente de la Asociación de Establecimientos Centenarios y Tradicionales de Madrid y propietario de La Antigua Relojería, que abrió sus puerta hace más de un siglo, en 1880.

«Cada uno lo ha llevado como ha podido. La situación de los negocios centenarios no es homogénea, porque cada uno pertenece a un sector de actividad distinto”, dijo el propietario de la relojería.

Lo que sí admitió el presidente de los centenarios es que la crisis generada por el covid-19 le llegó a superar en algunos momentos: “yo que pensé que lo había vivido todo, no me esperaba algo así. Es muy triste ver como muchos negocios están cerrando y cómo las calles están vacías. Ha sido una situación durísima en todos los sentidos”.

Son muchos los dueños al frente de un negocio centenario que, como García, han vivido la pandemia con incertidumbre y la han superado aprovechando sus puntos fuertes: la cercanía y la fidelidad de los clientes. Este medio digital se ha puesto en contacto con cuatro autónomos que regentan ahora mismo un negocio centenario y que han dado las claves para sobrevivir a uno de los acontecimientos más duros de nuestra historia reciente.

  • La Manquetería de Andrés de 1870

No era la primera vez que, en sus 150 años de vida, esta tienda de productos gourmets – que empezó siendo una tienda de ultramarinos en 1870 – supera una pandemia. Había logrado sobrevivir a la de la Gripe Española y ahora a la del coronavirus.

Este establecimiento llegó a remontar “incluso tras la caída de un obús en la guerra. Es una situación que no he vivido, pero que sabemos que ocurrió por lo que nos cuentan las vecinas”, dijo Andrés De Las Heras Osmeda, quien regenta junto a su hermano José y su hijo, esta Manquetería. De Las Heras reconoció que su actividad es a la que menos le ha afectado la crisis “porque hemos seguido trabajando. Lo único que ha cambiado es que nos hemos tenido que adaptar a las limitaciones de aforo. Somos un establecimiento pequeño y sólo pueden estar tres clientes a la vez”.

No obstante, no todo ha sido fácil para este pequeño negocio, pues ha tenido que seguir adelante haciendo frente a una importante pérdida de demanda. “Tenemos muchos clientes que son del barrio y que han seguido viniendo durante el confinamiento, pero otros vivían a las afueras y no podían acercarse hasta aquí para comprar”. Son compras que se perdieron durante el confinamiento, pero que se han recuperado gracias al hecho de llevar tanto años y tener afianzada la clientela. “El otro día un cliente, que no había podido venir antes, nos compró una caja entera de caballas, porque sabe que aquí tenemos las mejores”, aseguró este autónomo.

El secreto de la supervivencia de este pequeño negocio está, por un lado, en la calidad de sus productos, que minuciosamente eligen y venden: “no es lo mismo comerse un espárrago chino, que uno navarro. Al igual que unas sardinillas gallegas. Ese público que busca lo mejor es el que viene a nuestra tienda”. Y, por otro lado, en la constancia del trabajo y la transparencia. “Nunca se puede engañar al cliente. Éste tiene que sentirse en la tienda como en su casa. Nosotros, por ejemplo, todos los productos que vendemos, los probamos. Si no nos convence, no lo vendemos. No le damos al cliente un producto que nosotros no comeríamos”, aseguró.

  • La Antigua Relojería de 1880

La reinvención de su modelo de negocio que hizo hace años La Antigua Relojería le ha salvado del coronavirus. “Desde hace ya muchos años, nosotros no nos dedicamos a la venta exclusiva al público de relojes, sino que los vendemos en grandes cantidades”, comentó Angel Manuel García, propietario de este negocio.

Se trata de un modelo de negocio que, como señaló García, no tienen otras tiendas, que no pueden abastecer con la misma rapidez y al mismo precio que ellos. Entre los clientes de esta pequeña relojería destacan el Banco de España, Televisión Española o la Fábrica de Moneda y Timbre.

Su forma de operar, aunque no es la “panacea porque pueden estar meses sin pedidos”, les ha permitido aguantar todo tipo de crisis, incluida esta pandemia. Porque cuando un cliente te llama no es para que le vendas uno, sino 200 o 300 relojes”, aseguró el propietario. Para este autónomo, la clave de la supervivencia de un negocio es averiguar cómo reinventarse .

  • La Farmacia Lavapiés de 1882

Situada en el medio del barrio de Lavapiés (Madrid) se encuentra una farmacia que lleva abierta desde el año 1882. Tras el mostrador está en estos momentos María Esteban Jiménez, que lleva regentándola los últimos 12 años. Su labor durante la pandemia, al igual que la del resto de farmacias, no ha sido nada sencilla: “Ha sido muy complicado no poder atender a los clientes por falta de material. O tener que explicarles por qué no eran necesarias las mascarillas y luego por qué si lo eran”.

«No poder darle una mascarilla a una persona, que sabes que la está comprando para su padre que padece cáncer, ha sido duro”. Esteban explicó que la mayoría de las personas que cruzan las puertas de la farmacia son clientes de toda la vida. “Hay gente que me cuenta anécdotas que ha vivido en la farmacia, o cómo el antiguo dueño -Tino – les vacunó (antes en las farmacias se podía vacunar)». Tal es la cercanía de esta farmacéutica con sus clientes, que asegura que sólo un 20% de la gente que atiende es de paso, “y en cuarentena ese porcentaje disminuyó mucho”.

A su juicio, su farmacia ha salido reforzada de la pandemia. “Hemos estado al lado de la gente. Incluso en los pueblos más pequeños”. Según ella, ha sido precisamente la cercanía lo que ha permitido que su negocio sobreviva 138 años. “Sólo llevo 12 años al frente y me resultaría muy atrevido dar consejos de supervivencia, pero creo que los pequeños negocios tenemos que explotar la cercanía que existe con los clientes. Las grandes superficies y compañías pagan miles de euros para conocer a la gente que les compra, y nosotros eso ya lo sabemos” explicó.

Para ella, hay que saber aprovechar las ventajas de ser pequeño y adaptarse a las necesidades de quien te compre.

– Calzados Hinojosa de 1920

A base de vender alpargatas y zapatillas en el centro de Málaga, la tienda Calzados Hinojosa ha conseguido sobrevivir al covid-19 y convertirse en centenaria. Según recoge el Diario Sur, esta pequeña tienda familiar acaba de cumplir un siglo, y lo hace habiendo superado una pandemia.

Sus dueños, Alberto y Javier Hinojosa heredaron la tienda de su padre y mantuvieron la esencia que les ha hecho seguir abiertos durante cien años: ser buenos tenderos. Que no es otra cosa que conocer a sus clientes y ofrecer un trato personalizado.

La internacionalización, según recoge el artículo, también les ha ayudado a seguir adelante. Venden a otras partes del mundo, como Alemania, probando que las alpargatas todavía no han pasado de moda.


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La receta de los centenarios para seguir abiertos

Aunque indudablemente, y como dice el refrán, cada maestrillo tiene su librillo, hay una serie de actuaciones entre los negocios centenarios -desde la relojería, hasta la manquetería, pasando por la tienda de zapatos y la farmacia – que son comunes. En ellos podría estar la receta que les ha permitido seguir abiertos y hacer frente a todas la dificultades que, por el momento, les han sobrevenido:

  1. Aprovechar la ventaja de ser pequeños: los negocios centenarios presumen de conocer a la perfección a los clientes que cruzan el umbral de su puerta. Les ofrecen un servicio y un trato único que sólo en su establecimiento pueden encontrar.
  2. Especialización: conocen al cliente y sobre todo conocen el producto. Llevar años en el mercado les proporciona una sabiduría y una fama, que los convierte en referentes. Lo que a su vez les atrae clientela.
  3. Reinvención: los negocios que llegan a ser centenarios son los que se mueven y evolucionan. Cada uno encuentra la fórmula para seguir abierto, o bien pasa a vender al por mayor, o internacionaliza su producto, o apuesta por incrementar la calidad de sus productos y dar un trato único. Se reinventan para seguir atrayendo a sus clientes.

IVANA HARO

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