Tras el coronavirus, debemos estar más preparados para que el aprendizaje online sea parte vital en la educación

La actual pandemia causada por el virus Covid-19 ha hecho saltar por los aires nuestra habitual forma de vivir, de trabajar, de comportarnos. Y, en lo que afecta a nuestra institución académica, ha cambiado la forma de estudiar. De aprender. De relacionarnos con compañeros, profesores y tutores. En IMF llevamos años siendo referencia en el mundo del aprendizaje online, y este confinamiento nos ha hecho ponerlo a prueba aun más. Estamos satisfechos de ello y me gustaría reflexionar sobre cuáles son las claves no solo para provechar al máximo la formación a distancia, sino sobre todo para mostrar cómo será la educación cuando ya no tengamos que quedarnos en casa.

Ahora que empezamos a ver la luz, lo primero a considerar es la sucesión de posibles confinamientos en los próximos años. Según los expertos, es probable que el virus y la crisis que desencadena regresen en sucesivas oleadas, esperamos no con la intensidad actual, pero sí con tal impacto que vuelva a obligar a confinamientos totales o parciales de la población afectada o de poblaciones en riesgo. Por lo que, una vez conocida cómo es esta situación inédita de cuarentena, debemos estar preparados, y concienciados, para esas nuevas situaciones en los próximos inviernos. Por supuesto, importante en el mundo formativo, donde debemos prepararnos para que el aprendizaje a distancia sea parte vital de nuestro sistema educativo, en los distintos niveles.

Porque todos hemos vivido cómo hemos rediseñado y redefinido el área estratégica de la educación, ya presente en muchas de las principales universidades y escuelas del mundo anglosajón, durante el último mes de confinamiento. Esta metodología del teaching and learning establece un equilibrio entre las capacidades y las habilidades de los que enseñan, que tienen que modelar el mensaje y los contenidos para que el peso recaiga en los estudiantes, y en cómo éstos aprenden a aprender. Lo hemos visto en los distintos niveles y edades y en cómo el sistema educativo se ha adaptado a ellos, desde primaria o secundaria hasta grados y posgrados, como másters universitarios, especializados y generalistas.


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También hemos podido comprobar el importante cambio de las dinámicas de las sesiones formativas. Así, hemos aprendido que 5 horas presenciales no son equivalentes a 5 horas de enseñanza online. Estudiar a distancia requiere un tipo de planificación específica, una preparación de las sesiones y un aprovechamiento de las oportunidades en las que el alumno puede hablar y preguntar más, teniendo en cuenta que el número de horas de contacto con el profesor, en principio, es menor. Pero sí es mayor el espacio y el tiempo para la interiorización de los conceptos y para la profundización en aquellos aspectos que resulten relevantes para los estudiantes. Estas dinámicas de aprendizaje desde casa permiten desarrollar nuevas habilidades para relacionarnos con aquellos que no están cerca de nosotros. En nuestros másters, y gracias a nuestra plataforma de enseñanza online, permitimos estar en contacto con estudiantes y profesores de otras ciudades, de otros países, que asisten de forma telemática a cursos o módulos determinados y que van a influir muy positivamente en el desarrollo de habilidades comunicativas distintas a las que teníamos hasta ahora. No es lo mismo levantar la mano en clase o preguntar directamente a un profesor que participar en una sesión online, en la que hablamos a una cámara y debemos tratar de ser concisos y de aportar el máximo valor añadido en nuestras intervenciones. Ser muy certeros para también recibir la información deseada.

A la hora de hacer trabajos en equipo o de generar networking, también debemos explotar estos contactos. Y saber exprimir al máximo herramientas complementarias de contacto online, como LinkedIn, Whatsapp profesional, Zoom, Google Drive o Microsoft Teams. En este sentido, en muy poco tiempo han obtenido un papel muy principal todas estas plataformas colaborativas en las que se puede chatear en tiempo real, mantener una videoconferencia con 1 o con 20 personas a la vez, y se puede trabajar de manera ordenada y colaborativa en un documento único que, en la nube, es actualizado y enriquecido por todos los participantes.

Es esencial también tener en cuenta que estudiar online obliga a los estudiantes a priorizar los conceptos esenciales que deben ser aprendidos y a establecer un calendario de trabajo que, en principio, puede dar entrada a una mayor cantidad de tiempo libre. Unas horas que pueden ser aprovechadas en actividades complementarias: idiomas, actividades relacionadas con el ejercicio físico u otras áreas de interés para las que, muchas veces, no disponemos de horas al día.

Y en último lugar, desde IMF queremos destacar que el desarrollo de un buen hábito de estudio online puede favorecer modelos de educación blended, que combinan todo lo bueno de la actividad educativa presencial con todas las ventajas de la educación educativa online, al tiempo que permite a aquellos estudiantes de una cierta edad el contar con mayor movilidad geográfica online, al no tener la obligación de asistir a clases en un contexto físico fijo y sumar el aspecto enriquecedor de conocer otras formas de educación y otras culturas diferentes. Unos modelos de educación que, dada la actual amenaza de pandemias futuras, será necesario potenciar.

Un artículo escrito por Carlos Martínez

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